¿Qué pasó con mi relación de pareja?

Yo fui mamá a los 22 años. A esa edad ya teníamos 6 años de relación con mi compañero y nos llevábamos muy bien. Nos habíamos casado hace un año y estábamos terminando nuestros estudios universitarios. Desde un comienzo tuvimos que superar desafíos importantes, como elegir el lugar del parto, la hospitalización del RN, la mala comunicación del equipo de salud, la guagua no se acoplaba al pecho, la baja de peso importante luego del alta, acudir al sistema particular a pesar de las dificultades económicas, etc. Hasta ahí todo parecía ser en equipo y unidos. Los desafíos continuaron creciendo (tú ya sabes que esto de la crianza es así) y seguimos «poniendo el hombro» juntos. Hasta que un día me hice consciente de que me sentía perdida, olvidada de mi misma, con características aprendidas para agradar a los demás. Ahora puedo ver, por ejemplo, que ése supuesto trabajo en equipo era que yo descansaba en las decisiones de él. Entonces decidí recuperarme, volver a mí, y en ese trabajo de auto-recuperación, la relación de pareja se empezó a deteriorar. Erróneamente quise volver a ser la de antes, pero no resultó, porque ya no era la misma de antes, entonces decidí construirme como la de ahora. Busqué a mi «pololo» (pareja, enamorado, novio) de antes, y no lo encontré, porque él tampoco era ya el mismo de antes. Entonces decidimos volver a construir nuestra relación de pareja (luego de varias discusiones, conflictos, llantos, quejas, recriminaciones, etc.).

Convertirse en madres – padres es una transformación total. Seguro estamos de acuerdo en que la vida ya no es la misma tras el nacimiento de nuestros/as hijos/as. Aparte de los cambios en la rutina cotidiana, el sueño, los espacios de ocio, etc, también ocurren cambios internos, más o menos perceptibles entre las personas, como la reordenación de la escala de prioridades, la percepción de la vida, el sentido de la responsabilidad, las proyecciones a futuro, etc.

El punto es que es una transformación individual y depende de la historia personal y de la forma de ser de cada uno. Yo no puedo esperar ni exigirle a mi pareja que su transformación sea igual de consciente, rápida y organizada que la mía. Cada quien tiene su proceso. Lo que sí puedo es decidir hasta qué punto estoy dispuesta/o a convivir con su proceso y hasta dónde voy a aceptar que me afecte.

Lo importante es que sí o sí tenemos que hacernos cargo de lo que nos pasa como pareja. Porque el estado de la relación de pareja influye directamente en la disponibilidad para la crianza. Si tu relación de pareja está deteriorada y estás sintiendo soledad, incomprensión, culpa, tristeza, rabia, comenzarás tu día con una carga emocional importante que te llevará rápidamente al colapso luego de dos o tres desafíos de crianza cotidianos con tus hijxs. Y esto activará un ciclo, porque te sentirás incapaz o insuficiente, sentirás culpa por no estar disponibles para ellxs, y tu «contenedor emocional» estará constantemente al límite. Y lo peor es que tus hijxs, inconscientemente, creerán que son los culpables de lo que te pasa.

Para criar sin castigar es necesario hacerse cargo de los problemas en la relación de pareja.

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