Cuando sus gritos te sacan de control

Me encantaría decirte que después de los dos años se superan por completo y desaparecen los gritos, la rabia, o las llamadas pataletas (berrinches), pero no es así, porque esos berrinches «son el síntoma, no la enfermedad».

El niño o niña siente rabia y grita, porque está conociendo que su entorno no siempre es predecible y amable con él o ella, que no lo puede controlar a su antojo, y se está dando cuenta de que no siempre va a obtener lo que quiere en el momento que lo quiere, y eso le genera rabia (y a quién no 😅).

¿Y cuál es el recurso que los niños y las niñas tienen más a la mano? ¡Su cuerpo! Por eso es lo primero que usan como medio de expresión.

No siempre va a ser fácil para el adulto darse cuenta de que ese comportamiento significa una nueva forma de sentir y expresar. Cuando percibe que es una reacción sostenida en el tiempo, el adulto tiende a desconocer al niño o la niña y a buscar explicaciones externas como “lo debe haber aprendido en el jardín o colegio” “seguro está imitando a alguien”, etc. Acto seguido, el adulto se empeña en “controlar” la emoción del niño, y esto lo puede llevar a dos caminos posibles: frustración del adulto por no conseguir controlar la emoción del niño o frustración del niño por sentirse restringido en su necesidad emocional. Y a esto le sumamos la condena social. ¿Qué suele decir la gente? “ya le dio la lesera”, “está con la maña”, «es malcriado/a», “está exagerando”, “está manipulando”, y desde esa interpretación puedes responder de formas que sólo consiguen aumentar la intensidad de la conducta. ¿Imaginas lo difícil que debe ser sentir que algo te está pasando, que lo expresas como puedes, y todo tu entorno te diga que “está mal”? Así viven muchos niños y niñas 😥

Es habitual que, alrededor de los 4 años, los niños y las niñas se pongan más intensos en sus respuestas emocionales, y hasta parezcan más peleadores. Aquellos que han aprendido a identificar y nombrar sus emociones probablemente comiencen a gritar cuando se sienten enojados como si quisieran que todo el mundo sepa cómo se sienten. Otros, en cambio, menos conscientes de sí mismos, quizá lo expresen con otros recursos físicos y corporales como golpes, mordidas, movimientos bruscos o actitudes agresivas.

¿Qué puedes hacer?
● Ayudar a darle nombre a la emoción, validarla, y buscar juntos otra manera de expresarla si los gritos no son aceptables para ti.
● Acompañar desde el respeto, el amor y la tolerancia
● Evitar etiquetas (no ES gritón/a, sólo ESTÁ gritando)
● No engancharse, no te lo tomes a lo personal
● Encontrar juntos otras alternativas para comunicarse oportunamente
● Demostrar amor incondicional.

Alrededor de los 4 años, comienza una etapa de aprendizaje y ejercicio de la autorregulación emocional. Como cada niño y niña es diferente, no sabemos con cuánta intensidad necesitará vivirlo para aprenderlo, pero sí sabemos que para los adultos que están a cargo suele ser un período de gran cansancio y confusión. Si estás viviendo este proceso, o estás cercano a vivirlo, te sugerimos tener a mano un botiquín con hartas dosis de autocontrol, unos cuantos frascos de empatía en gotitas, varios parches de disponibilidad y muchos polvitos cicatrizantes de amor incondicional. No es necesario que le calmes su emoción, pero sí es fundamental que calmes tu propia emoción y estés disponible para acompañarle en calma el tiempo que sea necesario.

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