Consentir crea debilidad en los niños

Por Jane Nelsen (Traducido por Ari Hurtado de Molina. Adaptado al chileno por Paula Carmona)

Posiblemente hayan escuchado el cuento sobre el niño que sentía pena por la mariposa que estaba luchando para salir de su capullo. Decidió ayudarle para evitar que batallara, así es que le retiró la crisálida. El niñito estaba muy emocionado observando cómo la mariposa abría sus alas y volaba hacia el cielo. Luego se horrorizó cuando ella cayó al suelo y murió porque no tenía la fuerza muscular para seguir volando.

Así como el niño del cuento, con demasiada frecuencia los padres también quieren  (por amor) proteger a sus hijos de las dificultades. No se dan cuenta de que sus hijos necesitan batallar para poder manejar la desilusión, para resolver sus propios problemas y para que puedan desarrollar sus “músculos” emocionales y las habilidades necesarias para las batallas más grandes a las que se enfrentarán a lo largo de sus vidas.

Los niños necesitan desarrollar la creencia de “yo puedo” para tener éxito en la vida. Los niños no desarrollan esta creencia al escuchar a sus padres decir que pueden. Necesitan muchas experiencias para practicar su capacidad. Muchos padres les están robando a sus hijos estas oportunidades; todo con el pretexto del amor.

Estoy segura de que ninguno de ustedes lo hace, pero ¿sabían que algunos de sus vecinos visten (ellos) a sus hijos de 2 a 6 años en la mañana? ¿Por qué creen que lo hacen? Todos sabemos: porque ahorra tiempo y los niños se ven mejor. Su ropa combina.

Las preguntas que sus vecinos tienen que responder son: “¿Qué es más importante, la conveniencia, verse bien a ojos de los demás o que mis hijos aprendan a sentirse capaces y competentes?” Sus vecinos tienen que darse cuenta de que cuando visten a sus hijos, les están robando la oportunidad de desarrollar habilidades y percepciones de capacidad.

Lo primero que podrían hacer estos padres es crear una chapita (o una piocha) que lleven sus hijos, que diga: “Me vestí solo esta mañana”. Entonces se pueden tomar el tiempo para entrenarlos y así asegurarse de que sepan cómo vestirse solos (y percatarse de que a veces no les importará si se pusieron los zapatos en los pies equivocados o tienen la camisa puesta al revés). Después sería últil involucrar a estos niños en la creación de las tablas de rutinas mañaneras. Luego hay que dejar que las tablas se conviertan en el jefe, en lugar de que el padre tenga que convencer y dar lata a los hijos. Es mucho más efectivo preguntar: “¿Qué sigue en tu tabla de rutina?”, en lugar de estar molestando una y otra vez con: “Apúrate y vístete que llegaremos tarde”. Por supuesto que siempre ayuda levantarse unos minutos más temprano en la mañana, después de entrenar a los niños para que pongan sus propios despertadores y se pueda evitar el juego de quejas.

Me van a escuchar decir esto una y otra vez: consideren los efectos a largo plazo de lo que están haciendo. Siempre tomen en cuenta lo que sus hijos podrían estar sintiendo, pensando y decidiendo. ¿Están decidiendo “el amor significa que otros cuiden de mi” o “yo puedo y me puedo cuidar y disfrutar cooperar con los demás”?