Honestidad emocional

por Lynn Lott

La honestidad emocional es una herramienta. Se puede aprender. Primero está la parte emocional, es decir, los sentimientos. Los sentimientos son esas cosas que suceden en nuestro interior. Hay palabras para describir los sentimientos, tales como feliz, cómodo, hambriento, somnoliento, enojado, triste, sin esperanza, irritado, contento, etc. No son palabras como “se parece a…”, “es como si…”, “tu…”, “eso…”, etc. Los sentimientos describen algo que sucede en nuestro interior y es información acerca de nosotros. No son juicios sobre los demás, y son diferentes a los pensamientos. No son ni buenos ni malos, correctos o incorrectos, propios o impropios. No tienen lógica ni son acciones o conductas. El sentimiento de enojo, hambre, cansancio,  o felicidad es muy distinto a la demostración del enojo, hambre, cansancio o felicidad. No podemos saber cómo se está sintiendo una persona simplemente observando su conducta. La gente puede sonreír cuando se siente enojada, comer cuando no tiene hambre, dormir cuando está aburrida y llorar de felicidad. Para conocer realmente los sentimientos de una persona debemos pedirle que nos lo diga, o podemos adivinar lo que creemos que la persona siente y que él nos lo confirme o lo niegue.

La segunda parte de la honestidad emocional, es lo que se refiere a la honestidad. Una vez que sabemos que existen los sentimientos, que están adentro de nosotros y que hay palabras que los describen, tenemos que comunicar ese sentimiento a las personas que nos rodean. Esto puede causar mucho miedo. Cuando comunicamos sentimientos, somos vulnerables y las personas que nos rodean, no siempre tienen el entrenamiento o la sensibilidad para escuchar sentimientos sin tomarlo como algo personal o tratar de explicarlos o de corregirlos. Aún así, el riesgo merece la pena, ya que sin la honestidad emocional se tiene muy poca aceptación de uno mismo, poca aceptación de los demás y escaso crecimiento.

La honestidad emocional funciona en dos sentidos. Somos emocionalmente honestos cuando comunicamos nuestros sentimientos y también lo somos cuando escuchamos los sentimientos de los demás sin juzgar, criticar, componer o defender. Una reunión familiar sin honestidad emocional puede ser como una granada lista para explotar si alguien accidentalmente la pisa. Cuando soy emocionalmente honesto, siempre estoy preocupado por lastimar los sentimientos de los demás, pero me doy cuenta de que generalmente tiene el efecto opuesto. Abre la comunicación e invita a la cercanía.

Mi honestidad emocional le resta estrés y tensión a una situación en lugar de aumentarla. Por ejemplo, en una de nuestras reuniones familiares, compartí los sentimientos encontrados que tenía en cuanto a la crianza de los hijos. Por una parte disfrutaba que los hijos ya no vivieran con nosotros y me sentía cómoda y relajada en mi ambiente físico cuando podía contar con que estaría limpio y en orden. Me gustaba llegar a la casa después de un viaje fuera y no tener que resolver las necesidades de nadie más que las mías. Me enojaba por las cintas y CDs perdidos, las manchas en la alfombra, objetos rotos y platos sucios. Me gustaba ser una madre en “Disneylandia”, que podía estar con los hijos en las vacaciones y ocasiones especiales, y llegar a mi casa sin hijos la mayoría del tiempo. Ya había terminado de criar hijos todos los días. Por otra parte amaba a mi hijastro. Yo lo había invitado a vivir con nosotros y quería que fuera parte de nuestra familia. Me sentía bien compartiendo mucho tiempo con él y me daba gusto ver cómo florecía su relación con su padre. Apreciaba toda su ayuda y su buen carácter. No estaba pensando en pedirle que se fuera, pero estaba atorada en mis sentimientos encontrados. Me preocupaba que después de compartir esto mi hijo pudiera sentirse no deseado y que mi esposo se sintiera confundido y pensara que iba a tener que escoger entre los dos y que ambos pensaran que estaba siendo mezquina o egoísta. Lo que pasó es lo que casi siempre sucede. Ambos estaban sonriendo y me agradecieron que les hubiera dicho cómo me sentía realmente. Mi hijastro dijo “no tenía idea de que te estabas sintiendo así, y realmente me importa como te sientes”. Después de esta reunión se relajó la tensión en la casa durante semanas. Me he dado cuenta de que cuando uno de nosotros es emocionalmente honesto no tenemos que encontrar soluciones, porque el problema de soluciona solo cuando los asuntos se ventilan.